Objetivo: Mejorar una escuela en Kenia

fecha
14 de septiembre de 2016
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Hace unos meses te contamos que la Escuela iniciaba un proyecto de cooperación en Kenia, para ampliar aularios y dependencias del orfanato que la ONG Chazón gestiona en Molo. 

Te ponemos en contexto: En la Universidad Europea  se ha creado la Universidad para el Desarrollo (UpD) para fomentar que sus estudiantes puedan poner en práctica los conocimientos adquiridos en un contexto muy diferente y generando un impacto social positivo.

Sus proyectos se desarrollan durante los meses de verano y suelen durar 21 días. Han pasado ya 187 estudiantes por esta universidad que tiene proyectos, entre otros países, en Nicaragua, Guatemala, Honduras, Kenia y Madagascar.

Una reciente publicación de Cinco Días, que destaca la experiencia insustituible que suponen este tipo de "prácticas que necesitan pasaporte", recoge la experiencia de Andrea Torres, que estuvo este año en Molo recogiendo datos para ampliar un orfanato.

Andrea Torres es alumna del Doble Grado en Arte y Fundamentos de la Arquitectura y una de los 187 alumnos que han pasado por estos proyectos de la Universidad para el Desarrollo.

Rescatamos el testimonio de Andrea Torres de la publicación de Cinco Días:

“Creo que no habría sido la misma profesional si no hubiera pasado estos meses en Kenia. He tenido que hablar con profesionales de la construcción en Molo (Kenia) para averiguar los precios de los materiales, los métodos de construcción, etcétera. Esto ya no era una simulación sino una situación real en otro país con otros medios y otro idioma, y allí hemos aplicado lo que hemos aprendido a lo largo de la carrera, cosas conocidas pero que tenemos que varían en función de los medios disponibles.

Me sorprendió mucho el nivel de educación que tienen los niños en el colegio de la región de Kenia donde estuvimos. Saben un montón de cultura general y aprenden todo en lengua kiswahili y en inglés. Algunos hablaban algo de español y todos se sabían la canción de La Macarena, y unos pocos Sarandonga.

Siempre recordaré algo que ocurrió en los primeros días que llegamos. La primera semana estuvimos en el colegio viendo cómo era, cómo funcionaba, etcétera. Mientras los niños estaban en sus respectivas clases, no queríamos distraerles, y entonces vimos a un señor que pintaba las puertas de las clases y nos ofrecimos a ayudarle, accedió y nos pusimos a pintar. Éramos cinco y nos dividimos en dos grupos para agilizar el proceso e ir más rápido. Mientras pintábamos, los niños salían y entraban. Nosotras para distraernos nos pusimos a cantar algunas canciones. Algunos niños se acercaron y al cabo de un rato nos dimos la vuelta y vimos cuatro niños mirándonos. Seguimos pintando, y cuando nos volvimos a dar la vuelta ya había cientos de ni- ños alrededor. Algunos sonreían, otros se quedaban mirando y, cuando cantamos La Macarena, se pusieron a bailar hasta que sonó la campana y volvieron a clases”. 

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14 de septiembre de 2016
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